“Las comparaciones son odiosas”

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“Las comparaciones son odiosas”, esta frase la he escuchado mucho y realmente a quien se la escuchaba la sentía como verdadera, como un dogma de fe.

Sin embargo observo como las comparaciones forman parte de nuestra vida de una manera muy común. ¿Tú comparas? párate a pensarlo un momento. Comparar es pensar que tú eres capaz de hacerlo mejor que otra persona, comparar es valorar una película, o directamente una competición de lo que sea, te estás comparando con el resto.

Es verdad que son odiosas porque si comparas tienes dos opciones o ganas o pierdes, y hay situaciones como una competición deportiva que esto toma sentido, pero en otras muchas situaciones no tiene ningún sentido.

El tema es que nosotros nos creamos una escala de valores y comparamos con respecto a la línea de corte que hemos establecido en esta escala. De esta manera aceptamos o rechazamos si está por encima o por debajo de la línea marcada. Hay asuntos como por ejemplo una película que es incluso positivo, o alguna situación vivida, decides no repetirla porque no superó la línea. Así nos protegemos de repetir experiencias desagradables. Y si te comparas con los demás estás utilizando la escala externa, ¿con qué intención? seguramente para ser más o tener más y de esta manera  y en esta escala ser mejor valorado.

comparar

Pero ¿qué ocurre cuando la línea se vuelve rígida? pues que perdemos experiencias, dejamos de vivir cosas porque las determinamos no aptas, muchas veces incluso antes de vivirlas, o no permitiendo una segunda oportunidad a esa experiencia.

Y ¿qué pasa cuando nos sometemos a nosotros mismos a esta línea de corte? pues que si la superas tu ego engordará pensando que eres válido y bueno, y que te frustrarás si no la superas. E imagina que además la línea es rígida, entonces te creas un problema con la exigencia y el perfeccionismo.

Y ¿qué podemos hacer?. Intentar poco a poco ir dejando de valorar, hay muchas más palabras que el bueno o el malo, intentar describir más que valorar. ¿Cómo estás ahora? Responde a esta pregunta. En las sesiones con mis pacientes suelo hacer esta pregunta. Es muy probable que hayas respondido bien, mal o regular. Este es el primer trabajo que hacemos, no valores, describe cómo te sientes, alegre, triste, cansada, tranquila…

No lo sometas todo a examen, hay situaciones que sólo se tratan de vivirlas y experimentarlas, saca lo que te hace sentir en lugar de aprobarla o suspenderla.

Recuerda, trátate como te gustaría que te tratasen.

 

Escrito por David Garrido Díaz

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