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¿Sabes decir NO?

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Decir NO no es fácil. Si lo piensas seguro que hay momentos en los que has dicho NO con claridad y se te ha respetado. Pero ¿es esto lo que ocurre normalmente? Es posible que no.

Cuando dices NO estás poniendo un límite y ¿sabes lo que es un límite? Un límite es la frontera que establecemos que nos protege y salvaguarda nuestro espacio personal. En una fortaleza medieval es sencillo reconocer el límite, la muralla que lo delimita. En las personas es más complicado determinarlo, depende de muchas circunstancias, factores y entorno. Entonces determinamos que un límite nos ayuda a protegernos de algo que nos puede resultar dañino, ofensivo o desagradable.

Por consiguiente ¿qué necesitas saber para poder poner un límite adecuadamente? Sé que estás esperando que te lo diga, pero te invito a que te tomes un minuto y lo pienses.

no

Para poder establecer límites necesitas reconocer cual es tu espacio, donde no estás dispuesto/a dejarte invadir. Y es aquí donde nos encontramos en principal problema en las personas que no saben decir que NO, normalmente estas personas no están en la parte alta de la pirámide de sus prioridades, normalmente entienden más importante las necesidades de los demás que las suyas propias. Hay varios motivos que pueden causar esta actitud, la desidia, la búsqueda de aceptación, el deseo de no mirarse… El caso es que si no eres consciente de este asunto te puede pasar que no le das la importancia que tiene cuando te hacen daño “no es para tanto”, que hacen contigo lo que quieren “mamá me preparas la cena, anda mamá, venga porfa” “ahora voy”, que no te queda tiempo para ti “como voy a estudiar si no tengo tiempo ni para rascarme”…

Un problema importante con este tema es que lo tenemos tan interiorizado, estamos tan habituados que incluso nos cuesta verlo como algo anti natura, pensamos que es lo normal porque “siempre he sido así”, y dejamos de ver lo dañino que es y los resultados que nos proporciona. Piénsalo, cómo te hace sentir no atender tus necesidades (recuerda que te puedes pelear lo que quieras, pero es mejor si intentas sacar algo enriquecedor)

En la misma motivación de esta actitud está la respuesta para dejar de perpetuarla, lo importante es saber que no van a dejar de quererte porque le digas NO, quizá se mosquee un poco porque lo tienes mal acostumbrado/a, verás como poco a poco te respetan más y te sentirás menos agobiado/a, estresado/a y con menos peso.

Si quieres pasar a nivel PRO empieza a decirte NO a ti mismo, en esas actitudes y comportamientos qué más daño te hacen, por ejemplo dile NO al fluido intenso de tus pensamientos, dile “Basta ya”.

Recuerda trátate como te gustaría que te tratasen.

Escrito por David Garrido Díaz

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El Miedo. ¿Cómo Gestionarlo?

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Es importante saber que el miedo forma parte de nuestra vida más de lo que creemos, ya que a veces no sabemos o no queremos reconocer que es miedo lo que estamos sintiendo.

Ocurre que el miedo nos paraliza y/o nos bloquea dejándonos atascados en un punto. Por ejemplo imaginaros una persona con miedo a sentirse solo/a y esta persona hace mil cosas para evitar sentirse solo/a, se busca mil parejas, hace cosas con sus parejas con las que no está muy de acuerdo, accede a situaciones que incluso le perjudican o simplemente se procura días llenos de actividades. El motor de este comportamiento, en este ejemplo, es el miedo a la soledad.

El miedo es una emoción básica, todos lo sentimos y tiene su finalidad, protegernos. El miedo real funciona activando al cuerpo para no sufrir algún daño o salvarnos de algún peligro. La manera que tiene de funcionar es adelantarse a lo que va a ocurrir y, por supuesto, lo que imagina son situaciones catastróficas como por ejemplo me voy a hacer mucho daño, me va a doler mucho, me voy a ahogar, me voy a deprimir o me voy a morir, cada uno tiene su propia fantasía catastrófica. Este funcionamiento es genial cuando el peligro es real, pero ¿qué pasa cuando no utilizamos bien este mecanismo y creamos una fantasía catastrófica cuando el peligro no es real? o ¿qué pasa cuando la fantasía catastrófica no está al nivel del peligro al que nos enfrentamos? Para que lo entendamos mejor pongo un ejemplo. Nos encontramos con una avispa y la reacción es como si nos fuéramos a morir si nos pica, y al no ser que seamos alérgicos no existe tal peligro, la reacción es desproporcionada al peligro.

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Trasladando lo expuesto al ejemplo anterior de la soledad, ¿qué pasa realmente si me quedo solo o sola? Sencillamente no lo experimentamos porque el miedo a sentir lo que nos hemos imaginado nos lo impide. A veces la fantasía está basada en hechos reales, es decir la hemos experimentado y fue terrible, pero es muy probable que fuera peor de lo que realmente es porque y ibas predispuesto a que iba a ser terrible.

¿Qué falla en todo esto? ¿cuál sería el ingrediente secreto para poder afrontar nuestros miedos? La respuesta es la CONSCIENCIA. En el 99,9% de las veces la fantasía catastrófica es mucho peor que lo que ocurre en la realidad. Pon consciencia en la exageración de tu fantasía catastrófica, pon una buena dosis de realidad y crea una consecuencia realista y seguro que desde aquí es mucho más fácil intentarlo.

En muchas ocasiones me preguntan y “para qué, me quedo como estoy en mi zona de confort que se está muy bien”. La respuesta es sencilla, para vencer a tu miedo que te bloquea, para poder tener control de tu vida pudiendo decidir en cada momento, para ser libre. Para no tener que hacer cualquier cosa por tal de no sentirte solo/a.

Recuerda trátate a ti mismo como te gustaría que te tratasen.

Escrito por David Garrido Díaz

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 Cómo quejarte te puede hacer un/a INFELIZ

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Una queja es un acto que hacemos muy a menudo y que sin embargo puede llegar a ser muy dañino para nosotros, y en este artículo voy a intentar explicar cómo.

Lo primero es que te pares un segundo a ver cuántas quejas escuchas en un día normal. Una queja es hablar sobre algo que no te parece bien, o de algo con lo que no estás de acuerdo y de alguna manera te molesta.

Tengo que explicar que quejarse en su justa medida no sólo no es dañino sino necesario para reclamar lo que es tuyo. Pero si analizas las quejas podrás comprobar que no todas provienen de una invasión o de una pérdida de derechos, sino más bien porque simplemente no nos gusta o no estamos de acuerdo. Si lo observas se puede entender que quejarse se ha convertido en un “deporte nacional”.

Cuando alguien se queja está en contacto con la carencia, es decir tiene su atención puesta en lo que no hay, y sin duda en algo que le resulta negativo. Detectarlo es algo natural y beneficioso si lo utilizas para cambiarlo, si puedes. La “práctica deportiva” comienza cuando se sigue hablando y dándole vueltas al asunto durante un tiempo. Todo ese tiempo estamos en contacto y alimentando la negatividad, la agresividad, la carencia, en contacto con la falta. Si empezamos a sumar todo el tiempo que le dedicamos a este “deporte”, al final vemos que es mucho tiempo lo que le dedicamos a lo que no tenemos, a lo feo que nos rodea.

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Todo esto tiene dos consecuencias, una es que al dedicar tiempo a lo que no nos gusta nos generamos una sensación negativa puesto que es negativo lo que vemos y en muchas ocasiones nos provocamos agresividad al dedicar tiempo al enfado y su razón de ser, cuanto más tiempo más alimentamos en el enfado y la agresividad. Y segundo es que al estar en contacto con la falta, con lo que no hay, nos provocamos una necesidad de tener, de poseer aquello que nos falta y en su defecto de poseer algo que nos haga sentir mejor, nos provocamos una necesidad de sensaciones positivas. Esta necesidad es peligrosa porque al intentarla satisfacer de la manera más rápidamente posible y sin demasiada consciencia del mecanismo nos puede traicionar sucumbiendo a compras compulsivas, a comer impulsivamente o a otras sustancias que nos provocan placer de manera inmediata, juego, bebida, sexo…

Con esto no quiero decir que todo el que se queja tenga que terminar bebiendo, lo que quiero decir es que sin lugar a dudas las quejas continuadas provocan una sensación negativa y de carencia.

Lo peor es que ocurre como con el humo del tabaco, no tienes que fumar para que el tabaco te haga daño, es suficiente con inhalar el humo de los fumadores que te rodean. Pues con las quejas pasa algo parecido, ya que te empapas de negatividad cuando entras en una conversación de quejas, sobre todo si son quejas en modo “deporte”, es decir, que no vayan a servir para nada. Sin duda el más dañado es el que fuma, es decir la peor parte se la lleva el quejoso.

El otro día estando en la oficina de correos esperando una larga cola no dejaba de escuchar quejas por el tiempo que debían estar allí. Llegó a ser una situación desagradable porque realmente los trabajadores no podían hacer mucho más, de modo que había dos opciones o esperar o volver en otro momento, sin embargo empezó uno a quejarse y se unieron otros tantos creando un ambiente tenso y agresivo.

Te invito a que veas cuanto tiempo le dedicas a quejarte entendiendo que la queja no tiene por qué ser expuesta, es decir con sólo pensarla es suficiente. Y te invito a que cambies la queja por algo positivo, algo que te haga sentir bien.

Si no te gusta lo que hay y no puedes hacer nada por cambiarlo, acéptalo y guarda tu energía para aquellas situaciones que sí puedas hacer por cambiarlas.

RECUERDA, TRÁTATE COMO TE GUSTARÍA QUE TE TRATASEN.

Escrito por David Garrido Díaz

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