Archivo de la etiqueta: Crecimiento personal

¿Sabes decir NO?

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Decir NO no es fácil. Si lo piensas seguro que hay momentos en los que has dicho NO con claridad y se te ha respetado. Pero ¿es esto lo que ocurre normalmente? Es posible que no.

Cuando dices NO estás poniendo un límite y ¿sabes lo que es un límite? Un límite es la frontera que establecemos que nos protege y salvaguarda nuestro espacio personal. En una fortaleza medieval es sencillo reconocer el límite, la muralla que lo delimita. En las personas es más complicado determinarlo, depende de muchas circunstancias, factores y entorno. Entonces determinamos que un límite nos ayuda a protegernos de algo que nos puede resultar dañino, ofensivo o desagradable.

Por consiguiente ¿qué necesitas saber para poder poner un límite adecuadamente? Sé que estás esperando que te lo diga, pero te invito a que te tomes un minuto y lo pienses.

no

Para poder establecer límites necesitas reconocer cual es tu espacio, donde no estás dispuesto/a dejarte invadir. Y es aquí donde nos encontramos en principal problema en las personas que no saben decir que NO, normalmente estas personas no están en la parte alta de la pirámide de sus prioridades, normalmente entienden más importante las necesidades de los demás que las suyas propias. Hay varios motivos que pueden causar esta actitud, la desidia, la búsqueda de aceptación, el deseo de no mirarse… El caso es que si no eres consciente de este asunto te puede pasar que no le das la importancia que tiene cuando te hacen daño “no es para tanto”, que hacen contigo lo que quieren “mamá me preparas la cena, anda mamá, venga porfa” “ahora voy”, que no te queda tiempo para ti “como voy a estudiar si no tengo tiempo ni para rascarme”…

Un problema importante con este tema es que lo tenemos tan interiorizado, estamos tan habituados que incluso nos cuesta verlo como algo anti natura, pensamos que es lo normal porque “siempre he sido así”, y dejamos de ver lo dañino que es y los resultados que nos proporciona. Piénsalo, cómo te hace sentir no atender tus necesidades (recuerda que te puedes pelear lo que quieras, pero es mejor si intentas sacar algo enriquecedor)

En la misma motivación de esta actitud está la respuesta para dejar de perpetuarla, lo importante es saber que no van a dejar de quererte porque le digas NO, quizá se mosquee un poco porque lo tienes mal acostumbrado/a, verás como poco a poco te respetan más y te sentirás menos agobiado/a, estresado/a y con menos peso.

Si quieres pasar a nivel PRO empieza a decirte NO a ti mismo, en esas actitudes y comportamientos qué más daño te hacen, por ejemplo dile NO al fluido intenso de tus pensamientos, dile “Basta ya”.

Recuerda trátate como te gustaría que te tratasen.

Escrito por David Garrido Díaz

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Problemas de Pareja: el REPROCHE

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Vivir en pareja no es fácil y mucho menos si formas una familia y aparecen niños/as en la ecuación. Son muchos los asuntos que tienes que aceptar, aguantar y comprender de la otra persona, y por supuesto la otra persona de ti.

Lo ideal es conseguir un equilibrio y combinar esas cosas que más te gustan con las que menos y de esta manera se compensa la situación. Pero esto no es siempre posible. La capacidad de ver lo positivo  o lo negativo de otra persona tiene mucho que ver con nuestro carácter, si somos optimistas o pesimistas en general, y en particular depende mucho de nuestro estado de ánimos. De esta manera si estoy irritable voy a tender a ver lo negativo de mi pareja  y si estoy feliz voy a tender a ver lo positivo.

Todo esto es natural, nos ocurren a todas las personas aunque no siempre lo reconozcamos. Cuándo es el momento en el que pierde la naturalidad, cuando lo hacemos externo expresándolo inadecuadamente.

Cuando nos mosqueamos estamos en contacto con lo negativo, esto ocurre siempre ya que el mosqueo es un sistema de defensa, por lo que debes estar atento a lo que puede resultar una ofensa o nos pueda hacer daño. Esto debemos saberlo sobre todo cuando los mosqueos no tienen demasiada base, es decir cuando lo utilizamos como herramienta manipulativa para que la otra persona haga lo que queremos (este será el tema de otro artículo). Es entonces cuando aparece el reproche.

reproche

¿Qué es el reproche? Es expresarle a otra persona un error que ha cometido con crítica y con una carga de ira, rabia o mosqueo. Es sencillo entender un reproche como un ataque. Y te puedes imaginar como va a reaccionar la otra persona ante un ataque. Esta es  una forma de decirle a tu pareja “la pelea está servida”. Además observa que al reprochar a alguien un error con una crítica con tono destructivo estás de alguna manera asumiendo e intentando demostrar que tú estás en posesión de la verdad, que tienes la respuesta acertada y más adecuada, y no sé si teniendo en cuenta que tu idea la estás dando tarde.

A veces ocurre que das tu opinión en el momento en el que hay que tomar la decisión y la otra persona no siguió tu consejo, es entonces cuando aparece el más común de los reproches “TE LO DIJE”. Es probable que no estés teniendo en cuenta que la otra persona actuó probablemente creyendo que era la mejor opción y guiada por una serie de ideas (no sabemos la solera que puedan tener en esa persona), de emociones, sensaciones y deseos, todo estos conscientes e inconscientes.

Entones ¿para qué reprochas? ¿de qué te sirve reprochar algo? Si necesitas exponerle algo a alguien ¿la mejor manera es el reproche? Sé honesto/a en la respuesta de estas preguntas.

Esta acción tiene unas raíces profundas en nuestra sociedad, está muy viva en nuestra vida, tanto que hemos generado miedo al reproche y al auto reproche. Es aquí cuando nos hacemos verdaderamente daño ya que atendiendo a este miedo dejamos de intentar, de investigar y de arriesgarnos por miedo a equivocarnos, ya que una equivocación puede llevar pegada un reproche que en muchas ocasiones se convierte en una piedra de mucho peso a llevar en la mochila.

Recuerda trátate como te gustaría que te tratasen.

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¿Qué te impide cambiar una dinámica negativa?

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Es fácil entender que para poder llenar una botella de agua antes debemos vaciarla, sin embargo no vemos este concepto claro en nosotros.

A veces me encuentro con casos que no pueden tomar ni recoger el aprendizaje que la vida les pone delante, en forma de enfermedad, de situación o directamente en forma de lección escrita o hablada, y la cuestión es que están llenos y por eso no pueden tomar más.

Se encuentran llenos de normas, prejuicios, valoraciones, convicciones, creencias… y cuanto más ancladas estén todos estos conceptos menos espacio queda para algo nuevo, y ningún espacio si lo nuevo es contrario a la norma, prejuicio…

Me llegan pacientes queriendo cambiar, evolucionar y no es posible porque se encuentran agarrados y anclados a estos conceptos fijos e inamovibles. Primero necesitan soltar para poder tomar. No hay cambio desde la quietud, desde lo estancado.

vaciar

Ojo, no estoy diciendo cambiar todas tus creencias de golpe, ni siquiera que no sean válidas, no lo sé, lo que digo es que crecemos como personas cuando nos desapegamos, cuando nos enriquecemos con otras posibilidades y sobre todo probando otras formas de hacer las cosas.

Piensa que muchas de nuestras creencias no las hemos comprobado fielmente, o no nos hemos permitido comprobar otras. Piensa que el ser humano tiene una característica común para todos, es un ser vivo, y como vivo que es está en continuo movimiento, por lo que apegarte o fijarte a ideas no hace más que frenar tu movimiento.

Si estás enganchado a una dinámica negativa es posible que estés muy pegado a tus ideas, y probablemente no sean las más adecuadas. Suelta tu forma de hacer las cosas, deja de pensar que es la mejor manera, despégate de tus creencias, abandona tus prejuicios y cambia las normas. Es muy probable que tu dinámica también cambie.

Te invito que digas que sí a la próxima situación que niegas en rotundidad y experimentes (siempre que esa situación no te vaya a dañar de alguna manera, se honesto/a, no valen excusas).

Suelta para poder llenarte.

Recuerda trátate como te gustaría que te tratasen.

 

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“Las comparaciones son odiosas”

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“Las comparaciones son odiosas”, esta frase la he escuchado mucho y realmente a quien se la escuchaba la sentía como verdadera, como un dogma de fe.

Sin embargo observo como las comparaciones forman parte de nuestra vida de una manera muy común. ¿Tú comparas? párate a pensarlo un momento. Comparar es pensar que tú eres capaz de hacerlo mejor que otra persona, comparar es valorar una película, o directamente una competición de lo que sea, te estás comparando con el resto.

Es verdad que son odiosas porque si comparas tienes dos opciones o ganas o pierdes, y hay situaciones como una competición deportiva que esto toma sentido, pero en otras muchas situaciones no tiene ningún sentido.

El tema es que nosotros nos creamos una escala de valores y comparamos con respecto a la línea de corte que hemos establecido en esta escala. De esta manera aceptamos o rechazamos si está por encima o por debajo de la línea marcada. Hay asuntos como por ejemplo una película que es incluso positivo, o alguna situación vivida, decides no repetirla porque no superó la línea. Así nos protegemos de repetir experiencias desagradables. Y si te comparas con los demás estás utilizando la escala externa, ¿con qué intención? seguramente para ser más o tener más y de esta manera  y en esta escala ser mejor valorado.

comparar

Pero ¿qué ocurre cuando la línea se vuelve rígida? pues que perdemos experiencias, dejamos de vivir cosas porque las determinamos no aptas, muchas veces incluso antes de vivirlas, o no permitiendo una segunda oportunidad a esa experiencia.

Y ¿qué pasa cuando nos sometemos a nosotros mismos a esta línea de corte? pues que si la superas tu ego engordará pensando que eres válido y bueno, y que te frustrarás si no la superas. E imagina que además la línea es rígida, entonces te creas un problema con la exigencia y el perfeccionismo.

Y ¿qué podemos hacer?. Intentar poco a poco ir dejando de valorar, hay muchas más palabras que el bueno o el malo, intentar describir más que valorar. ¿Cómo estás ahora? Responde a esta pregunta. En las sesiones con mis pacientes suelo hacer esta pregunta. Es muy probable que hayas respondido bien, mal o regular. Este es el primer trabajo que hacemos, no valores, describe cómo te sientes, alegre, triste, cansada, tranquila…

No lo sometas todo a examen, hay situaciones que sólo se tratan de vivirlas y experimentarlas, saca lo que te hace sentir en lugar de aprobarla o suspenderla.

Recuerda, trátate como te gustaría que te tratasen.

 

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El Miedo. ¿Cómo Gestionarlo?

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Es importante saber que el miedo forma parte de nuestra vida más de lo que creemos, ya que a veces no sabemos o no queremos reconocer que es miedo lo que estamos sintiendo.

Ocurre que el miedo nos paraliza y/o nos bloquea dejándonos atascados en un punto. Por ejemplo imaginaros una persona con miedo a sentirse solo/a y esta persona hace mil cosas para evitar sentirse solo/a, se busca mil parejas, hace cosas con sus parejas con las que no está muy de acuerdo, accede a situaciones que incluso le perjudican o simplemente se procura días llenos de actividades. El motor de este comportamiento, en este ejemplo, es el miedo a la soledad.

El miedo es una emoción básica, todos lo sentimos y tiene su finalidad, protegernos. El miedo real funciona activando al cuerpo para no sufrir algún daño o salvarnos de algún peligro. La manera que tiene de funcionar es adelantarse a lo que va a ocurrir y, por supuesto, lo que imagina son situaciones catastróficas como por ejemplo me voy a hacer mucho daño, me va a doler mucho, me voy a ahogar, me voy a deprimir o me voy a morir, cada uno tiene su propia fantasía catastrófica. Este funcionamiento es genial cuando el peligro es real, pero ¿qué pasa cuando no utilizamos bien este mecanismo y creamos una fantasía catastrófica cuando el peligro no es real? o ¿qué pasa cuando la fantasía catastrófica no está al nivel del peligro al que nos enfrentamos? Para que lo entendamos mejor pongo un ejemplo. Nos encontramos con una avispa y la reacción es como si nos fuéramos a morir si nos pica, y al no ser que seamos alérgicos no existe tal peligro, la reacción es desproporcionada al peligro.

miedo

Trasladando lo expuesto al ejemplo anterior de la soledad, ¿qué pasa realmente si me quedo solo o sola? Sencillamente no lo experimentamos porque el miedo a sentir lo que nos hemos imaginado nos lo impide. A veces la fantasía está basada en hechos reales, es decir la hemos experimentado y fue terrible, pero es muy probable que fuera peor de lo que realmente es porque y ibas predispuesto a que iba a ser terrible.

¿Qué falla en todo esto? ¿cuál sería el ingrediente secreto para poder afrontar nuestros miedos? La respuesta es la CONSCIENCIA. En el 99,9% de las veces la fantasía catastrófica es mucho peor que lo que ocurre en la realidad. Pon consciencia en la exageración de tu fantasía catastrófica, pon una buena dosis de realidad y crea una consecuencia realista y seguro que desde aquí es mucho más fácil intentarlo.

En muchas ocasiones me preguntan y “para qué, me quedo como estoy en mi zona de confort que se está muy bien”. La respuesta es sencilla, para vencer a tu miedo que te bloquea, para poder tener control de tu vida pudiendo decidir en cada momento, para ser libre. Para no tener que hacer cualquier cosa por tal de no sentirte solo/a.

Recuerda trátate a ti mismo como te gustaría que te tratasen.

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 Cómo quejarte te puede hacer un/a INFELIZ

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Una queja es un acto que hacemos muy a menudo y que sin embargo puede llegar a ser muy dañino para nosotros, y en este artículo voy a intentar explicar cómo.

Lo primero es que te pares un segundo a ver cuántas quejas escuchas en un día normal. Una queja es hablar sobre algo que no te parece bien, o de algo con lo que no estás de acuerdo y de alguna manera te molesta.

Tengo que explicar que quejarse en su justa medida no sólo no es dañino sino necesario para reclamar lo que es tuyo. Pero si analizas las quejas podrás comprobar que no todas provienen de una invasión o de una pérdida de derechos, sino más bien porque simplemente no nos gusta o no estamos de acuerdo. Si lo observas se puede entender que quejarse se ha convertido en un “deporte nacional”.

Cuando alguien se queja está en contacto con la carencia, es decir tiene su atención puesta en lo que no hay, y sin duda en algo que le resulta negativo. Detectarlo es algo natural y beneficioso si lo utilizas para cambiarlo, si puedes. La “práctica deportiva” comienza cuando se sigue hablando y dándole vueltas al asunto durante un tiempo. Todo ese tiempo estamos en contacto y alimentando la negatividad, la agresividad, la carencia, en contacto con la falta. Si empezamos a sumar todo el tiempo que le dedicamos a este “deporte”, al final vemos que es mucho tiempo lo que le dedicamos a lo que no tenemos, a lo feo que nos rodea.

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Todo esto tiene dos consecuencias, una es que al dedicar tiempo a lo que no nos gusta nos generamos una sensación negativa puesto que es negativo lo que vemos y en muchas ocasiones nos provocamos agresividad al dedicar tiempo al enfado y su razón de ser, cuanto más tiempo más alimentamos en el enfado y la agresividad. Y segundo es que al estar en contacto con la falta, con lo que no hay, nos provocamos una necesidad de tener, de poseer aquello que nos falta y en su defecto de poseer algo que nos haga sentir mejor, nos provocamos una necesidad de sensaciones positivas. Esta necesidad es peligrosa porque al intentarla satisfacer de la manera más rápidamente posible y sin demasiada consciencia del mecanismo nos puede traicionar sucumbiendo a compras compulsivas, a comer impulsivamente o a otras sustancias que nos provocan placer de manera inmediata, juego, bebida, sexo…

Con esto no quiero decir que todo el que se queja tenga que terminar bebiendo, lo que quiero decir es que sin lugar a dudas las quejas continuadas provocan una sensación negativa y de carencia.

Lo peor es que ocurre como con el humo del tabaco, no tienes que fumar para que el tabaco te haga daño, es suficiente con inhalar el humo de los fumadores que te rodean. Pues con las quejas pasa algo parecido, ya que te empapas de negatividad cuando entras en una conversación de quejas, sobre todo si son quejas en modo “deporte”, es decir, que no vayan a servir para nada. Sin duda el más dañado es el que fuma, es decir la peor parte se la lleva el quejoso.

El otro día estando en la oficina de correos esperando una larga cola no dejaba de escuchar quejas por el tiempo que debían estar allí. Llegó a ser una situación desagradable porque realmente los trabajadores no podían hacer mucho más, de modo que había dos opciones o esperar o volver en otro momento, sin embargo empezó uno a quejarse y se unieron otros tantos creando un ambiente tenso y agresivo.

Te invito a que veas cuanto tiempo le dedicas a quejarte entendiendo que la queja no tiene por qué ser expuesta, es decir con sólo pensarla es suficiente. Y te invito a que cambies la queja por algo positivo, algo que te haga sentir bien.

Si no te gusta lo que hay y no puedes hacer nada por cambiarlo, acéptalo y guarda tu energía para aquellas situaciones que sí puedas hacer por cambiarlas.

RECUERDA, TRÁTATE COMO TE GUSTARÍA QUE TE TRATASEN.

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TE REGALO un Diario de Gratitud. Gracias

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Dar las gracias es un ejercicio con un resultado extraordinario cuando se hace consciente, y esta es la propuesta e invitación que te hago con este regalo.

Es un ejercicio sencillo que te va ayudar a sentirte mejor contigo mismo/a.

Pincha en la imagen, descárgate los archivos y sigue las instrucciones. Si tienes alguna duda o consulta, o quieres compartir tus resultados puedes escribirme a info@davidgarridodiaz.es

Disfrútalo.

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En el tiempo Familiar: CANTIDAD O CALIDAD

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Si nos preguntaran ¿qué prefieres cantidad o calidad? Es decir ¿qué prefieres un plato de jamón de pata negra o tres platos de jamón deshuesado? La gran mayoría elegiríamos la primera opción.

¿Qué hace que prefiramos la calidad a la cantidad? La respuesta es la intensidad de la experiencia. Nos pasa que cuando probamos algo muy rico el primer bocado nos sabe mucho mejor que el último del plato, eso ocurre porque nuestras papilas gustativas se acostumbran al sabor y deja de tener el componente de novedad.

Si tienes una familia con niños te puede interesar saber que esta regla es perfectamente adaptable al tiempo que pasamos con nuestros hijos. Con el actual ritmo de vida que tenemos solemos estar preocupados por el tiempo que pasamos con nuestros hijos y nos agobiamos cuando vemos que no es cuanto nos gustaría, y a veces nos sentimos culpables y malos padres.

Esto es fácilmente solucionable, haz que el tiempo que pasas con ellos sea un tiempo de calidad. ¿Cómo se hace esto? Prestando toda tu atención a lo que estás haciendo. Si decides jugar 30 minutos con tus hijos procura que ese tiempo no tengas que atender nada más, ni el móvil, ni la lavadora, ni el ordenador, sólo a tus hijos y el juego que os ocupa. Incluso cuando los ayudáis a estudiar se puede convertir en un tiempo que ellos sientan que le estáis dedicando. Deja todo lo que estás haciendo, aparca tu exigencia y tus deseos de acabar e ingéniate la manera más divertida para que tu hijo/a entienda lo que le estás explicando. Probablemente esto te llevará la mitad de tiempo que si entráis en el juego de “yo no lo entiendo, pues esto no lo sé, pues yo no hago esto” o que se distraiga con una mosca que pasa por delante.

Volviendo al ejemplo del plato de jamón, suponiendo que has elegido la opción de un plato de pata negra, la sensación que te queda y el recuerdo será algo parecido a “qué bueno estaba ese jamón”. Lo mismo pasa con esas experiencias que las vivimos en presente, atentos y conscientes.

Tu hijo/a va a recordar ese rato como un tiempo genial que ha vivido junto con su papá y/o mamá, aliviando su necesidad de atención y descargando la culpabilidad por tu parte por no poderle dedicar más tiempo.

Con el ejemplo del jamón no lo sé, pero en el tiempo que pasamos con nuestros hijos la calidad vence a la cantidad.

Yo trabajo por las tardes, de modo que coincido con mis hijos poco. Afortunadamente me he podido reservar la tarde de los jueves para ellos. Esa tarde es sólo para jugar, investigar y crear con mis hijos. Noto que lo agradecen por los abrazos que me dan a lo largo de esa tarde. Y es curioso porque en otros momentos me buscan para jugar y tan sólo tengo que explicarles que en ese momento no puedo porque tengo que trabajar y lo entienden perfectamente.

Haz que el tiempo que pasas con tus hijos/as sea un tiempo de calidad. Si no tienes muy claro cómo hacerlo hay talleres familiares que son geniales como el Taller de Gestión Emocional Familiar con Niños, échale un vistazo.

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Para Qué acudir a una Terapia Emocional

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Si prefieres ver en vídeo pincha Aquí 

¿En ocasiones te sientes bajo de energías y sin fuerzas?

¿No paras de darle vueltas a la cabeza?

¿Te enfadas o alteras con facilidad e incluso a veces explotas?

Como esta sensación no nos gusta intentamos cambiarla y salimos con los amigos a tomar copas, salimos de compras, nos buscamos un hobbies o deporte, o nos buscamos mil cosas que hacer en el día a día… pero todo esto no soluciona el problema

Te proponemos averiguar qué te tiene así, parece que hay un punto ciego, puede que haya una emoción que no estás atendiendo… te invitamos a que depures la gestión de tus emociones. Haz un movimiento y cambia de color.

Hazte la vida más fácil

http://www.youtube.com/watch?v=IYlhzBbvlcM

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10 Ventajas Personales sobre la Meditación

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La meditación se basa en entrenar y aprender a disminuir la cantidad de pensamientos que podemos tener en nuestra mente constantemente. Lo que consigues meditando es dejar de engancharte a una preocupación recurrente a la que llevas dando vueltas todo el día. En definitiva de lo que trata la meditación es de parar la mente, de darle descanso a esta parte de nuestro cuerpo que si la observamos no suele parar.

Tras leer esto seguro que se te han ocurrido algunas de las ventajas de este acto. Yo te voy a numerar algunas más.

  1. Reducción del estrés y la ansiedad. Al dejar de pensar cortas la principal fuente de estrés dañino para el organismo y por consiguiente das un respiro al incremento constante de la ansiedad que el estrés te puede generar. Normalmente el estrés te va metiendo en una espiral que va incrementando su intensidad, si consigues romper esa espiral alivias y reduces mucho los síntomas que provoca el estrés.
  2. Mejora la salud. Tanto tu presión arterial como tu corazón regularizan su actividad cuando consigues relajarte y parar.
  3. Disminuyen los dolores. Afecta a todos los dolores que puedas tener, ya que reduces los nervios que produce un dolor físico. Es muy efectivo para el dolor de cabeza ya que este dolor en muchas ocasiones está causado por un exceso de actividad mental.
  4. Aumenta la felicidad. Al meditar estás activando las partes del cerebro donde se controla la sensación de felicidad. Al meditar te tranquilizas y la tranquilidad está directamente relacionada con el bienestar y la felicidad.
  5. Mejora la creatividad. El ser humano es creativo por naturaleza, pero la cantidad de información y la sobre estimulación a la que nos vemos sometidos a diarios aplacan esta capacidad innata. Despejar de ruido mental favorece la activación de dicha capacidad.
  6. Incrementa la inteligencia. Basándonos en la misma explicación del punto anterior, si dejas de ocupar la mente en asuntos poco importantes, tendrás capacidad de potenciar y estimular en el sentido correcto tu capacidad intelectual.
  7. Desarrolla la inteligencia emocional y la empatía. Al parar la maquinaria mental automática estás parando toda esa red de conexiones que has creado basada en juicios y automatismos, de este modo puedes parar a observar qué sientes tú y qué puede estar sintiendo la persona que está a tu lado.
  8. Mejora la memoria. La falta de memoria puede estar generada por la saturación de actividad mental, por consiguiente si consigues parar dicha actividad aumentará tu capacidad de recordar.

Hasta ahora he descrito los beneficios que la meditación puede aportarte y cómo este acto tan sencillo pueda mejorar tu vida. Ahora me gustaría hablar desde un plano más personal y contar dos ventajas que la meditación ha traído a mi vida, además de los expuestos más arriba. Particularmente la meditación me aporta:

  1. Equilibrio mental y emocional. Al levantarme de meditar la sensación de estar en paz y en equilibrio es muy satisfactoria, es una sensación que me produce mucha seguridad en mí mismo e interfiere directamente en mi rendimiento diario.
  2. Vivir en el presente. Este es otro de los tesoros que más disfruto desde que medito. Al vivir en el presente con más facilidad e ir más despacio por la vida puedo ver, observar y disfrutar de pequeñas situaciones que me pasan en mi día, puedo saborear la vida.

Sin una explicación científica, puedo decir que meditar es ese momento del día que me encuentro conmigo mismo, que me dedico sólo a mí y donde puedo permitirme dejar caer la armadura y descansar en profunda intimidad.

El momento de meditar es mi momento.

Escrito por David Garrido Díaz

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